Preadolescentes en casa: guía para entender la preadolescencia y fortalecer el vínculo familiar

En Editorial Amanuta, sabemos que hay una etapa que puede sentirse como una “tierra de nadie”: la preadolescencia. Por eso, desde el comienzo, queremos presentarte un libro pensado para acompañar a madres, padres y cuidadores con herramientas reales y cercanas: Preadolescentes en casa: una guía para padres, de la psicóloga infanto-juvenil Paulina Peluchonneau.

Es una guía práctica para ti, para entender qué está pasando y cómo construir un vínculo más fuerte en familia antes de que llegue la adolescencia.

Nota: Este artículo se inspira en una entrevista publicada en El Mercurio (Chile) el 4 de octubre de 2025, donde Paulina Peluchonneau explica por qué esta etapa es tan intensa y cómo acompañarla.

¿Qué es la preadolescencia y a qué edad ocurre?

La preadolescencia suele transitarse entre los 10 y 14 años. No son los mismos niños de hace unos años, pero tampoco han llegado a la adolescencia. En esta etapa:

  • aumenta la necesidad de autonomía,
  • aparecen cambios físicos y emocionales,
  • y el vínculo familiar se pone a prueba (y también puede fortalecerse mucho).

Muchas familias describen lo mismo: “piden permisos de grandes, pero a veces reaccionan como chicos”. Ese vaivén es parte del proceso.

Cambios típicos en los preadolescentes: físicos, emocionales y sociales

Según la mirada clínica de Peluchonneau, durante estos años ocurren transformaciones en varias dimensiones:

  • Físico: el cuerpo comienza a cambiar hacia uno adulto.
  • Cognitivo: desarrollan más capacidad de reflexión y pensamiento propio.
  • Emocional: las emociones pueden ser más intensas y variables.
  • Relacional: cambian intereses, amistades y la relación con adultos, especialmente con sus padres.

Por eso, es común que los adultos sientan desconcierto y que los preadolescentes sientan que “no los entienden”.

¿Por qué aumenta el conflicto en casa? (¿y por qué es normal?):

En esta etapa se cruzan dos procesos:
  1. El hijo o hija vive la salida de la infancia y el inicio de una nueva identidad.
  2. Los padres necesitan ajustar su rol: soltar un poco, sin dejar de acompañar.

Esa tensión puede sentirse como discusiones más frecuentes, contradicciones (“necesito ayuda, pero no me ayudes”) o cambios de ánimo más intensos.

La gran oportunidad: fortalecer el vínculo antes de la adolescencia

Aunque suene contraintuitivo, la preadolescencia puede ser una gran oportunidad. Peluchonneau plantea que este período puede sentar las bases de:

  • confianza,
  • comunicación,
  • autonomía sana,
  • y un vínculo familiar más sólido para lo que viene.

Errores comunes al criar preadolescentes (y cómo evitarlos)

Dos extremos suelen empeorar el clima en casa:

1) Seguir tratándolos como niños pequeños

Demasiado control, autoritarismo o sobreprotección puede frenar la autonomía o aumentar la rebeldía.

2) Tratarles como si ya fueran grandes

Dejarlos solos, sin límites ni acompañamiento, puede aumentar riesgos y ansiedad.

La clave está en el equilibrio: límites claros + conversación + acompañamiento.

Cómo poner límites en la preadolescencia (con diálogo y acuerdos)

Los límites ayudan, pero deben evolucionar:

  • que sean acotados en el tiempo,
  • con razones claras,
  • y conversados, incorporando su opinión.

Un ejemplo útil: cambiar el “no” automático por “no por ahora… y veamos qué necesitas para que sí después”. Eso enseña criterio y construye confianza.

Tecnología y control parental: acuerdos claros (sin guerra diaria)

Uno de los temas más frecuentes hoy es el uso del celular y pantallas (muchas familias buscan “control parental” o “cómo controlar el móvil de mi hijo”). Más que solo prohibir, funciona mejor:

  • acordar horarios y tiempos de pantalla,
  • definir espacios sin celular (comidas, noche),
  • conversar expectativas y consecuencias.

El objetivo no es controlar por controlar, sino acompañar a que aprendan a autorregularse.

Señales de alerta: ¿cuándo consultar a un especialista?

Durante la preadolescencia pueden aparecer ansiedad, problemas de conducta, conflictos con pares, mal uso de tecnología o bajas en el rendimiento escolar. La recomendación es mirar intensidad y duración: si interfiere con la vida cotidiana (colegio, sueño, relaciones), vale la pena consultar.

Puedes leer la entrevista completa aquí

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